La Presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente en su reciente conferencia matutina al recordar una máxima que debería ser el faro de la Cuarta Transformación: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo”. La frase, que retoma los ideales del movimiento de regeneración nacional, resuena con fuerza en un México que exige coherencia.
Sin embargo, en la práctica legislativa, la realidad de la representación migrante camina en un sentido diametralmente opuesto. Para la comunidad mexicana en el exterior, la figura del diputado migrante y la senadora migrante nació como una promesa de justicia histórica. Desafortunadamente, el sistema plurinominal ha terminado por cobijar a perfiles que carecen del más mínimo humanismo y arraigo con sus representados. El caso de la senadora plurinominal Karina Ruiz es el ejemplo más flagrante de esta desconexión.
Aunque su periodo concluye hasta 2030, su desempeño actual exige una auditoría pública y una profunda crítica ciudadana. El recién iniciado periodo legislativo —que arrancó este 1 de septiembre y prevé 30 sesiones ordinarias de aquí al 15 de diciembre de 2026— comenzó con una notable ausencia de la senadora. Ruiz no solo faltó al arranque de las sesiones en el pleno, sino también al Segundo Informe de Gobierno de la mandataria federal.
La justificación de la legisladora rayó en el descaro. Durante su participación vía Zoom el sábado 5 de septiembre en la plataforma del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, denominada “Sabatina Migrante”, los connacionales la cuestionaron abiertamente sobre su inasistencia a los eventos presenciales. Ruiz se limitó a responder que no asistió al Informe en Palacio Nacional porque “no cabía”.
Es difícil sostener tal argumento frente a un evento que albergó a un mínimo de 300 invitados especiales, entre gobernadores, el gabinete presidencial, empresarios y legisladores. Si la senadora plurinominal migrante “no cupo” en Palacio Nacional, cabe preguntarse si tampoco cabe en el pleno del Senado de la República para cumplir con la encomienda por la cual percibe una dieta millonaria.
Es aquí donde entra el interés personal sobre el deber patrio, ya que detrás de las evasivas y las medias verdades se esconde una realidad jurídica y migratoria que la senadora intenta ocultar. Irreverente Noticias recibió denuncias de fuentes confiables que señalan que Ruiz no puede salir de Estados Unidos debido a que se encuentra en pleno proceso de regularización migratoria. Bajo las leyes estadounidenses, abandonar el territorio sin la documentación adecuada —como un permiso de viaje provisional que parece no tener o no querer arriesgar— congelaría o cancelaría su trámite de residencia en ese país.
Este escenario plantea serios dilemas éticos y políticos, como el secuestro de la curul. Si su proceso legal puede tardar meses o años, resulta inexplicable por qué no se ha llamado a su suplente para que asuma las funciones en el pleno. La suplencia existe precisamente para garantizar que la comunidad migrante no se quede sin voz. Por otro lado, miente al violar uno de los tres principios estatutarios de Morena y de la Cuarta Transformación: no mentir.
Durante la misma sesión de la “Sabatina Migrante”, la senadora destacó que buscará la eliminación del nepotismo en los consulados. No obstante, ella misma incurrió de forma inmediata en una flagrante contradicción que encaja perfectamente en las viejas prácticas del influyentismo y el amiguismo. Se dice que la legisladora habría solicitado la intervención del Gobierno de México, a través de la Cancillería, para emitir una petición especial al Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS) con el fin de agilizar su caso personal.
Esta acción genera una profunda impotencia y agravio en la comunidad, ya que se considera una falta de respeto para los millones de migrantes indocumentados que esperan años de forma honesta en el sistema migratorio estadounidense sin privilegios políticos. A la vez, es un insulto a la propia Presidenta de México, bajo la premisa de que las instituciones diplomáticas del país se van a prestar a litigar asuntos estrictamente particulares y de interés privado.
La comunidad en el exterior mantiene la esperanza de que el Gobierno de México y la dirigencia del partido pongan orden en este vacío legislativo. Es urgente que a la representante plurinominal Karina Ruiz se le recuerde el protocolo, se le exija transparencia y, de ser necesario, se le entregue un ejemplar de los estatutos del partido que dice representar, para que entienda que su encargo es para servir a la patria y al pueblo, no para servirse de ellos con la cuchara grande.









